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Hipócrates, el padre de la medicina naturista

Hipócrates

Hoy me vengo con un poco de historia..

Para los que no lo conozcan, HIPÓCRATES, EL PADRE DE LA MEDICINA.

Hipócrates nació en la Isla de Cos en el año 460 antes de Cristo. Sabio, filósofo y médico griego considerado como el Padre de la medicina.

Hipócrates valoró la enfermedad desde el punto de vista humano, naturalista, basándose en la atenta observación clínica y completamente desprovisto de connotaciones religiosas, supersticiosas o mágicas. Sostenía que había una causa natural para las enfermedades y proponía cambios en la dieta y el estilo de vida para recuperar la salud.

Hipócrates estableció unos principios fundamentales para lo que él llamaba “el arte de curar” y el modo de entender la salud y la enfermedad, que han sido secundados y ampliados a lo largo de los años por los seguidores de la Medicina Natural o Hipocrática y que nos sirven de base para comprender los fundamentos de la Naturopatía.

Los principios fundamentales de la Naturopatía se pueden resumir atendiendo a los principales Aforismos Hipocráticos:

  1. “Primum non nocere”, “Ante todo no dañar”Curar sin dañar debe ser la primera norma del naturista. Existen varias disciplinas terapéuticas que pueden ser utilizadas por la Naturopatía. Pero un principio básico es que no sean agresivas, que no hagan daño. Si una técnica, remedio o sustancia terapéutica tiene efectos secundarios o produce daños colaterales, entonces no se ajusta a los principios básicos de la Naturopatía.
  2. Respetar el “Vis naturae medicatrix”, es decir dejar actuar a la naturaleza, la capacidad autocurativa del organismo. Se debe dejar obrar a la Naturaleza. La fuerza curativa o energía vital o fuerza curativa siempre tiende a la homeostasis. La homeostasis es la condición por la cual el medio interno del organismo permanece relativamente constante, dentro de los límites fisiológicos. La enfermedad constituye el esfuerzo de la naturaleza hacia la curación. Ante la enfermedad, lo mejor es no hacer nada, pero inteligentemente.
  3. “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”. Los alimentos “curativos”, son en realidad los que le corresponden al hombre por su adaptación biológica: frutas, vegetales, bayas y raíces en su estado natural, crudos, tal como nos lo presenta la naturaleza. Son éstos, alimentos naturales, refrescantes, vitalizadores, livianos, de fácil digestión, intrínsecamente sanos y por lo tanto saludables. Y si son saludables, si sirven para conservar la salud, son también “medicina” que produce necesariamente un efecto curativo, ya que, “lo que da la salud, cura la enfermedad”.
  4. De entre todos los remedios, elegid siempre el más sencillo, el más inocuo. Luego habrá tiempo en caso de necesidad de subir de dosis o dar algo más potente.
  5. En términos generales, lo que evita la enfermedad, la cura y lo que la cura, la evita. Me refiero en este sentido a los factores que rigen la salud, como la dieta correcta o nutrición óptima, el ejercicio, el reposo, los estímulos naturales como el agua fría, aire puro, sol, aire. Para Hipócrates, el enfermo lo es porque se ha alterado la mezcla de sus humores y la “enfermedad” no es sino “una crisis durante la cual el organismo adopta una posición defensiva buscando la eliminación de los humores que le perjudican”. El término “humores” es lo que hoy en día la corriente higienista llama “toxemia, ensuciamiento”.

La salud le es natural al hombre desde su origen y nacimiento. Existe en nuestro organismo una fuerza vital que trabaja por el todo y por las partes y que es a la vez una y múltiple. “El arte de conservar la energía vital”.

“La enfermedad es fruto de transgresiones a las leyes de la conservación natural de la salud. La naturaleza tiende a conservar en nuestro cuerpo la vida en salud”.

“Nadie cae enfermo bruscamente y en cualquier momento, sino que es producto de la acumulación de causas que motivan el estallido sintomatológico de una enfermedad”.

La enfermedad es un proceso, más que un estado, y su estallido no un comienzo, sino el final de una desviación de lenta y larga elaboración.

Una máxima de la Naturopatía:

“No hay enfermedades, solo hay enfermos”.

Un abrazo,

Natalia


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Algo de Ética y altruismo… para reflexionar…

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Con un poco de humor.. 🙂

¿Qué entendemos cuando alguien nos dice, actuar con ética? Pues entendemos actuar de forma justa hacia el otro en una acción determinada. Todos sabemos que está bien y que no. Desde pequeños captamos la existencia de las normas morales. No necesitamos ningún sistema de creencias especial para darnos cuenta de eso. Las normas morales existen en nuestra consciencia. El problema es que disponemos de una gran variedad de normas morales que cada uno fue adoptando debido a la propia educación, experiencias, lugar de nacimiento, etc. Es por esto que hoy en día hay temas sociales claves que nos afectan a todos, y que para algunos de nosotros son actos llevados a cabo actuando éticamente y otros exactamente lo contrario (aborto, eutanasia, especismo, violencia de género, matrimonio homosexual, divorcio, etc.) y otros temas, de los que la mayoría de nosotros probablemente estaríamos de acuerdo(“robar no está bien”). No pretendo aquí llegar a un concilio sobre qué cuestiones serían éticas y cuáles no, porque ese no es el punto. Lo que quiero transmitir aquí es que seamos auténticos con nosotros mismos a la hora de determinar lo que pensamos. Y no repetir como loros lo que vamos escuchando por ahí. Somos capaces de crear y modificar nuestro propio sistema de creencias, pensando, indagando, cuestionando. La ética y los valores morales como muchas otras disciplinas, nos vienen dados en nuestra educación, desde pequeños. Pero sepamos que somos libres de modificarlas en cualquier momento de nuestra vida si llegáramos a nuevas conclusiones sobre algo. Esa es la reflexión.

Por otro lado y yendo a temas cotidianos como hacer el bien a nuestro vecino, no lo tenemos muy claro y nos cuesta empatizar. Y habrá gente que le salga de forma más natural el ayudar, y gente que no tiene el mínimo interés en hacerlo.

Nuestro comportamiento altruista y empático tiene perfecta explicación en términos evolutivos.  Los individuos que cooperaban en las antiguas comunidades sobrevivían más que los que no lo hacían porque las comunidades eran cerradas y las personas se relacionaban casi con las personas a lo largo de su vida por lo que siempre resultaba posible que te devolviesen el favor de alguna forma, por lo tanto desarrollar mediante selección natural la capacidad de tratar bien al otro nos podía reportar ventajas en el futuro. Ahora esto ya no tiene sentido cuando lo aplicamos a por qué hacemos el bien a alguien que probablemente jamás vamos a volver a ver pero es que la explosión demográfica y la movilidad global de las personas son un fenómeno muy nuevo y repentino, las adaptaciones evolutivas son enormemente lentas. Para darles un ejemplo, el orgasmo y el placer son una adaptación evolutiva que favorece la reproducción por eso los conservamos, pero ahora con el condón ya no cumplen su misión reproductiva y aun sabiéndolo seguimos deseando tener sexo y es que en 200 años los cambios en la humanidad han desvirtuado muchas conductas y comportamientos evolutivos que nos favorecían desde las cavernas hasta hace muy poco. Evidentemente no somos máquinas que se comportan de manera homogénea y predecible, eso es lo que nos hace maravillosos por lo que ni las explicaciones genéticas ni las de otra índole son aplicables a todos nosotros. Hay multitud de personas que se sienten forzadas a comportamientos que no son explicables de ninguna manera racional.

¿Por qué deberíamos actuar “correctamente” con nuestro vecino entonces?

No habría que actuar con el bien solo por el hecho de recibir bien. O porque tengamos en cuenta que pensaran de nosotros sino lo hacemos. O peor aún, hacer el bien por miedo a un “castigo divino” o algo así.

¿Entonces? 

Pues hacerlo por el fin en sí mismo. Para realizarnos como persona. Para demostrar amor hacia el otro. Necesitamos desarrollar la empatía que todos tenemos dentro. Porque de esta manera es como obtenemos verdadera satisfacción por nuestra propia vida. El sabor agradable que nos deja, el hacer el bien, el ayudar, el colaborar, es único. ¿Por qué no hacerlo?, ¿Por qué nos empeñamos en hacer cosas solo en beneficio propio? ¿Por qué bajamos la vista cuando entra una mujer embarazada al metro?, ¡No somos capaces ni de dejar un asiento! ¿Por qué incluso nos alegramos cuando vemos que a alguien le va mejor que a nosotros? (según nuestra propia opinión), e intentamos darle la vuelta y decir sí, pero esta persona no tiene aquello otro.., y así nos conformamos y engañamos y miramos a otro que está peor, (también según nuestra percepción) y así ya nos quedamos más contentos y relajados, hasta el siguiente día cuando nos enteramos que fulano se compró un coche nuevo o algo así…

¿Que nos está llevando como sociedad a actuar de esta forma?, que nos está pasando como personas que no podemos dejar de ver nuestro propio ombligo, y no solo verlo sino también que sea el que más brille. ¿Qué pasa con nuestros valores?, ¿Qué pasa con nuestro ego?

Vivimos en una sociedad descentrada. No somos coherentes ni consecuentes con nosotros mismos, estamos llenos de máscaras, esas máscaras son nuestro ego. Estamos reprimidos como seres. Actuamos de una forma, pero pensamos otra y sentimos otra diferente. Decimos sí, cuando queremos decir no y viceversa. Eso nos enferma. Nos inventamos “peros” de manera constante. Queremos hacer algo, “pero” por miedos posponemos lo que queremos, lo que nos haría felices (cambiar de trabajo, mudarte a otra ciudad, etc.) sin embargo  no queremos arriesgar. El temor al fracaso y al que pensarán de nosotros si nos equivocamos nos coarta, nos paraliza. Así se nos pasa la vida. No nos damos cuenta y nos alejamos cada vez más de nosotros mismos y nuestra naturaleza y eso más nos enferma. No somos honestos, llegamos a autoengañarnos. El tema es que no nos conocemos o apenas muy poco. Nuestra educación carece de una asignatura que indague en nuestro ser, en nuestros comportamientos. Memorizamos datos, procedimientos y ciencias pero no aprendemos a gestionar nuestra vida, nuestras emociones. Es por esto que digo que estamos descentrados, descompensados. Hasta hace poco se medía la inteligencia por la cantidad de carreras que tenías hechas. Hoy se reconoce que la verdadera inteligencia del ser humano está en la capacidad de adaptación y en la habilidad de gestionar nuestras emociones básicas: ira, miedo, angustia, gozo. Tampoco somos conscientes de nuestra intuición, la perdemos, ni siquiera podemos dejar de comer cuando nos sentimos mal, solo con mirar a un animal que hace cuando esta malito… Pero nosotros no, aún con fiebre seguimos comiendo como si nada. Creo que solo utilizamos el instinto en situaciones límites, supongo que si nos dejan en un bosque y aparece un puma, saldríamos corriendo…, claro.  Nuestra sociedad tal como está planteada hoy en día no estimula el conocimiento interior, ni mucho menos el instinto, no interesa. No interesa que nos conozcamos. Interesa que vayamos por la vida con dos o tres objetivos que nos marcan, que nos creamos lo primero que nos cuentan, que no preguntemos y que no opinemos.

Como dice el aforismo Griego, “Conócete a ti mismo” (inscripción en la entrada del templo de Apolo en Delfos), esa es la reflexión. Conócete.


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Controla el estrés

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Dale un respiro a tu vida, date un paseo por la naturaleza.

Aunque parezca mentira el estrés es beneficioso para nuestra salud, capacidad reproductiva y de conservación de nuestra especie. Nuestro organismo produce “hormonas del estrés”: adrenalina, noradrenalina y cortisona en situaciones de riesgo, lucha o huida para responder rápidamente y evitar un peligro inminente. El problema se produce cuando éstas hormonas ya no actúan como factores estimulantes, sino perjudiciales. Esto sucede cuando el organismo no es capaz de volver a la normalidad los niveles de éstas hormonas, generando un estado de ansiedad constante. Cuando esto sucede y se convierte en parte de nuestra vida diaria, llega un momento en el que nos acostumbramos a esto y no nos damos cuenta de lo dañino que puede ser para nuestra salud y para nuestra vida en general, hasta que enfermamos o los problemas terminan superándonos.

Lo que nos provoca el estrés, abarca el cerebro y la totalidad de las funciones orgánicas. Dependiendo de cada persona, lo manifestará de una forma u otra. Algunas personas sentirán dolores de cabeza, otras, contracturas, fatiga, náuseas, problemas digestivos, etc.

Incluso el estrés puede afectar las funciones cognitivas como puede ser falta de ideas, mayor probabilidad de cometer errores, etc. Las repercusiones neurológicas son las que más imposibilitan a la persona y más difícil se hace su recuperación.

 Debemos combatir el estrés pero también prevenirlo. Para que el cerebro realice todas sus funciones con precisión es importante que las neuronas se encuentren en buen estado y los neurotransmisores en óptimo equilibrio.

Algunos aminoácidos bajan sus niveles cuando estamos padeciendo estados de estrés. El organismo los necesita más y entonces se producen carencias.

Existen algunos suplementos nutricionales que pueden ayudarnos en esos momentos de estrés o prevenirlo sobre todo en épocas que sabemos que podemos sufrirlo.

La fosfatidilserina es un componente de las membranas celulares que se concentra en las células cerebrales. La suplementación con esta sustancia mejora la capacidad de atención, concentración, aprendizaje y memoria.

La L-teanina es un aminoácido que promueve la relajación mental y disminuye la irritabilidad sin crear somnolencia. Mejora el estado de ánimo y garantiza un sueño reparador. Mejora el sistema inmunológico que suele desequilibrarse durante estados de estrés.

La taurina es otro de los “alimentos” para el cerebro. Es un aminoácido que actúa como un importante estabilizador de la membrana de las células nerviosas, necesario para que la transmisión nerviosa se haga correctamente. Combate la fatiga y el cansancio. Ayuda en la coordinación de la actividad neuronal.

Otros suplementos para el control del estrés.

Calcio, magnesio, grupo de vitaminas B, vitamina C, antioxidantes.

Modificar la dieta también es importante a la hora de querer controlar el estrés. Hay alimentos que deben eliminarse y otros que se deberían agregar.

Para eliminar: el café, el alcohol, dulces, alimentos salados, alimentos grasos, lácteos, alimentos picantes.

Para agregar a la dieta: apio, pipas de girasol, pipas de calabaza, arroz integral, algas, almendras, col, sésamo, pepino, espárragos, ajo, aguacate.

 

Para más información y elaboración de una dieta y suplementación individual, contáctame.

Un abrazo,

Natalia